Un nuevo comienzo empieza con un cambio real: responde a Jesús

Un nuevo comienzo suena prometedor… hasta que lo intentas repetidamente y parece que las cosas no cambian. Tal vez has comenzado períodos con entusiasmo: un nuevo año, una nueva costumbre, una nueva resolución, una nueva «versión» de ti mismo. Y a pesar de ello, las semanas pasan y regresa la misma sensación: todo avanza en el exterior, pero por dentro continúas estancado/a.

La Biblia menciona precisamente esa tensión. En Mateo 4:18-22, Jesús se aproxima a personas comunes durante su rutina diaria y las invita a seguirlo. Y el patrón es evidente: un nuevo comienzo no arranca cuando finalmente te sientes preparado/a, sino cuando respondes.

Este artículo está diseñado para aquellos que están descubriendo la fe y para aquellos que llevan un tiempo siguiendo a Jesús: si estás buscando, te ayuda a comprender el verdadero significado de seguirlo; si ya eres creyente, te invita a regresar a un discipulado que genera una transformación auténtica en lugar de una rutina.


Por qué un nuevo comienzo muchas veces no “se sostiene”

Es habitual sentirse motivado/a al comienzo de una temporada. Te dices: «Esta vez, sí». Te organizas, lo intentas, te comprometes a ser más persistente, acercarte más a Dios y poner en orden aspectos de tu vida.

Pero las semanas pasan y lo único que es claro es que la fecha del calendario se ha modificado. Lo difícil no es solo «no lograr una meta», sino darse cuenta de que vuelves a los mismos patrones internos.

Una razón es que tendemos a concebir el cambio como algo que debería suceder sin que nosotros respondamos. Pedimos a Dios por transformaciones y aguardamos que Él realice algo asombroso, pero continuamos con los mismos comportamientos, las mismas justificaciones y los mismos hábitos. Y entonces se plantea una pregunta incómoda pero sincera: ¿por qué esperar resultados distintos si no realizas ningún cambio?

No se trata de «hacer cosas» para que Dios te quiera. No se consigue su amor. Es necesario admitir que la fe auténtica provoca una reacción: un comportamiento, una resolución, un paso específico.


Jesús se encuentra con gente real (Mateo 4:18–22)

La escena inicial de Mateo es una muy común: Simón Pedro y Andrés, dos hermanos, están lanzando las redes de pesca mientras Jesús camina por la playa.

Ese aspecto es importante. Jesús no comienza llamando a individuos que están sentados, reclamando o solicitando signos. Llama a las personas que están en movimiento, manteniéndose fieles con lo que tienen enfrente. No porque el trabajo «salve», sino porque un corazón dispuesto está preparado para responder cuando Jesús llama.

Entonces, Jesús hace una invitación que lo transforma todo: «Vengan detrás de mí / Síganme». No proporciona un plan de mejoras menores. Proporciona una nueva dirección. Y hace una promesa: «Yo os convertiré…» En otras palabras, la transformación no es solamente fuerza de voluntad; es una obra que Jesús realiza en los que lo siguen verdaderamente.


Un nuevo comienzo no es añadir a Jesús a tu agenda

En ocasiones tratamos de acomodar a Jesús en nuestras vidas como si fuera «una actividad más»: «si tengo un momento, rezo», «si me sobra tiempo, leo la Biblia», «si no estoy muy ocupado/a, sirvo».

Pero seguir a Jesús no consiste en añadirlo a tu agenda. Es andar tras Él. Es asimilar su forma de vida, adoptar sus principios y dejar que su enseñanza determine tu identidad, no únicamente tu comportamiento.

Por eso el llamado puede entrar en conflicto. A muchos nos gusta decir «Jesús, úsame», pero con condiciones: «úsemé, pero que mi rutina no cambie demasiado», «úsemé, pero sin afectar mi seguridad». Deseamos un nuevo comienzo, pero queremos que sea cómodo.

Jesús brinda algo superior (y más profundo): una vida renovada, no simplemente un remake de la anterior.


El cambio real empieza cuando respondes

La respuesta es el punto de inflexión en Mateo 4. Los discípulos abandonan las redes de inmediato. Más tarde, algunos abandonan la barca y hasta a su padre para acompañar a Jesús. Es una imagen impactante, pero muestra una verdad: los comienzos nuevos necesitan un verdadero acto de obediencia.

Ahí la fe deja de ser un propósito y se convierte en vida. Por eso Santiago lo sintetiza claramente: la fe sin obras está muerta. No porque las obras consigan la salvación, sino porque una fe que no se mueve nunca responde de manera genuina.

El cambio verdadero surge de una respuesta activa:

  • Asumir responsabilidad y abandonar la actitud pasiva.
  • Mantenerse constante y no apoyarse únicamente en la motivación.
  • Cumplir con lo que se te pide, incluso si no tienes todo claro.

Un nuevo inicio no se nutre de una emoción efímera. Se construye con respuesta, repetidamente, en días ordinarios.


“Dejar las redes”: ¿qué estás sosteniendo?

Las redes no son meras herramientas en el pasaje. Simbolizan seguridad, rutina, identidad y sustento. Por eso, liberarlas es un acto de fe.

Hoy nuestras «redes» pueden parecer diferentes, pero siguen funcionando de la misma manera. Una red tiene la capacidad de ser:

  • Control: «Obedeceré cuando lo comprenda todo».
  • Confort: «No quiero que Jesús altere mi rutina».
  • Identidad: «No tengo la capacidad de cambiar; soy así».
  • Justificaciones: «Ahora no… más adelante… cuando sea más sencillo».
  • Seguridad: «No tocaré esta parte, pero continuaré siguiendo a Jesús».

La pregunta directa es la siguiente: ¿Qué redes estás utilizando que te dificultan el seguir a Jesús de verdad? Ya que si no estamos dispuestos a dejar ir algo, restringimos el nuevo inicio que Dios desea ofrecernos.

Qué hacer esta semana (una respuesta práctica)

Si deseas que esto se haga realidad, no comiences buscando un «cambio gigante». Inicia con una respuesta honesta y específica. Esta semana, aquí tienes algunos pasos sencillos:

  1. Nombra tu “red” en una frase.
    Escribe: “Me cuesta soltar ___ porque me hace sentir seguro/a”.
  2. Elige un acto concreto de obediencia.
    Una conversación pendiente, un hábito que alimentas, una prioridad que debes reordenar, un paso hacia la comunidad, una decisión de servir.
  3. Ponlo en la agenda.
    Las buenas intenciones raramente se convierten en un nuevo comienzo sin un plan real.
  4. Díselo a alguien y pide acompañamiento.
    El discipulado no se vive en soledad. Si estás en Madrid, busca una comunidad cristiana donde puedas caminar con honestidad, sin aparentar.
  5. Ora con sencillez.
    No hacen falta palabras perfectas: “Jesús, quiero responder. Ayúdame a seguirte”.

Un nuevo comienzo para ti… y para una iglesia

Este principio no se aplica únicamente a lo personal. Esto también es aplicable a una iglesia: un espacio nuevo no asegura una nueva comunidad. Un cambio externo no genera, por sí solo, una transformación significativa. Lo que renueva a un individuo y a una iglesia es igual: una respuesta auténtica al llamado de Jesús, que se transforma en obediencia cotidiana.

Por lo tanto, aquí está la invitación: no te limites a los cambios superficiales. No te quedes en motivación sin acción. Un nuevo comienzo se inicia con un cambio verdadero, y este ocurre cuando respondes a Jesús.

Pregunta para meditar: ¿qué «red» es necesario que dejes atrás para responder a Jesús hoy?